CABRAS

Aitor

Llegó al santuario siendo el bebé más diminuto que habíamos visto nunca.

Nos dieron el aviso mientras estábamos en un evento, y la chica que lo encontró nos contaba que su mamá le había defendido de unos perros que al oler la sangre y la placenta querían comerse a Aitor.

Lamentablemente, su madre murió defendiéndole, y la chica pudo salvarlo a tiempo de que le hiciesen daño. En aquel entonces hacía poco tiempo que Mateo llegó, y se criaron como hermanos tomando bibe, durmiendo juntos, jugando, comiendo, subiéndose a los sofás...

Los apodamos los diminutis y aunque su tamaño no es como el del resto de cabras, son más peques, Aitor no se achanta ante nadie, y les planta cara si quiere algo.

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Aitor

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